La capital de Herzegovina es un perfecto ejemplo de la herencia de la guerra, donde 13 años después del fin del conflicto las secuelas siguen a flor de piel: en las paredes acribilladas, en los edificios en ruinas de las calles, en una ciudad que poco a poco recupera un boyante pasado truncado, en su partición a banda y banda de la llamada ‘Avenida de los francotiradores’.
Croatas y musulmanes viven separados al este y oeste de la ciudad. Rencorosas suenan alto tanto las llamadas a las mezquitas como las campanas de las iglesias católicas. Y en la montaña de Hum, donde los cañones croatas destruyeron en noviembre del 93 el puente Stari Most, se alza una enorme cruz sobre todos los minaretes de la ciudad. Sobre la misma en que las dos etnias lucharon juntas al inicio de la guerra contra los serbios apostados en las montañas del alrededor. Pero donde acabarían enfrentadas más adelante por el poder sobre Mostar, cuando el viejo puente que la bautizó fue derrumbado simbólicamente sobre el río Neretva.
Desde lo alto de la cruz de Hum la Avenida del Bulevar se dibuja clara cruzando Mostar, en la cual se apostaron los francotiradores durante la guerra. Pese al inicio de la reconstrucción de algunos edificios, la vista inacabable de los esqueletos de las casas resulta espeluznante. Las estructuras que resistieron bombas, granadas y metralla, aguantan desnudas y repletas de siniestros agujeros a lo largo de toda la avenida. El punto álgido, en el centro del huracán, es el cruce de calles más castigado de la ciudad: situada en el centro la mirada gira en los cuatro sentidos para ver edificios a cual más destruido, como el Privredna Bank y sus cristales rotos; o como el Instituto de Secundaria de Mostar, ‘el Gimnasio’, que está siendo reconstruido por fondos de la Cooperación Internacional española compartido a turnos por musulmanes y croatas en horas diferentes.

En ese cruce está la Plaza España. Recordando la ineficacia de sus soldados de la fuerza de seguridad internacional UNPROFOR ante a limpieza étnica que las milicias y el ejército croata llevaron a cabo en Mostar. La gente vivía escondida sin pan que comer más que el que se atrevían a conseguir saliendo a la calle al abrigo de un colchón como protección a los francotiradores, sobreviviendo a los morteros, las granadas, la aviación y los obuses de munición suministrada regularmente por Croacia.

3 comentarios:
Muy chulas las fotos mayu!
Estoy orgullosa de ti. jauajauja
muak
un retrat molt vívid, felicitats.
El text i les fotos són un bon reclam perquè algú giri el cap i l'any k ve hi puguin haver 4 o 5 mayus més explicant-ho.
No ens en falten, de motius per tenir vergonya.
un petó
"Rencorosas suenan alto tanto las llamadas a las mezquitas como las campanas de las iglesias católicas" Esta frase me ha encantado, el rollo trágico-poético del texto hace que hasta a alguien como yo, que prefiere mantenerse lejos del dolor ajeno por no sufrir más de la cuenta, no pueda evitar ponerse en la piel de esta ciudad y sus habitantes.
Felicidades tía, esta de puta madre tanto el artículo como la foto en B/N, hiela la sangre...De lo mejorcito que te he leído.
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